Las neurociencias nos muestran cómo aprendemos, recordamos y olvidamos, procesos que resultan fundamentales en el proceso de enseñanza - aprendizaje. Seguidamente el profesor Sergio Mora se refiere a estos importantes temas, y a la manera en que la pedagogía podría beneficiarse de estas disciplinas científicas.
Prestigiosos investigadores del área de la neurociencia se darán cita en nuestro país los días 17 y 18 de octubre, en la VI Jornada Internacional de Aprendizaje, Educación y Neurociencias.
En el curso de este evento, los científicos compartirán algunos de los últimos avances con que la neurociencia viene a aportar al conocimiento de la naturaleza y características del proceso de enseñanza – aprendizaje. Estos conocimientos prometen revolucionar la manera en que se enseña actualmente.
Dirigidas a personas relacionadas con “actividades docentes, autoridades, profesores y estudiantes de pre y postgrado, así como público en general, interesados en mejorar la calidad del proceso enseñanza-aprendizaje”, las charlas y conferencias tendrán lugar en el aula magna Dr. Gabriel Gasic, de la facultad de medicina de la Universidad de Chile (Av. Independencia 1027).
Para poner al tanto a la comunidad educativa acerca de los alcances de este importante evento, conversamos con su organizador, el profesor Sergio Mora Gutiérrez, académico del programa disciplinario de farmacología molecular y clínica del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile.
Las neurociencias estudian la estructura y el funcionamiento del cerebro, abarcando muchos niveles, desde el puramente molecular hasta el específicamente conductual y cognitivo, pasando por el celular, químico, farmacológico y patológico. Más concisamente, las neurociencias se preocupan de investigar los mecanismos por los cuales el cerebro humano aprende y memoriza, lo que las relacionan directa y naturalmente con las ciencias de la educación.
¿Qué pueden ofrecer las neurociencias a la educación?
Mucho, ya que nos muestran como aprendemos, recordamos y olvidamos, que son procesos característicos de la educación. Al aplicar la neurociencia a la educación, lo que se intenta es desarrollar estrategias, métodos y herramientas que permitan que la enseñanza y el aprendizaje estén de acuerdo con el desarrollo neurofisiológico del individuo. Las neurociencias investigan los mecanismos básicos implicados en el aprendizaje y cómo influyen factores tan importantes como la atención, la motivación y las emociones. Por otra parte, el conocimiento del cerebro nos permitirá proporcionar al estudiante las condiciones y los ambientes más propicios para un aprendizaje más eficiente. Adecuar los métodos de enseñanza a la realidad neurobiológica y a la manera en que se aprende es la mejor manera de garantizar la eficacia del proceso educativo. En síntesis, la comprensión del cerebro no sólo puede ayudarnos a responder la pregunta de cómo aprendemos sino que también puede mostrarnos lo que podemos hacer para enseñar mejor.
¿De qué manera puede beneficiarse Chile de las neurociencias?
En los últimos años se han conseguido notables hallazgos que nos permiten empezar a comprender el funcionamiento del cerebro. En un comienzo el interés de la investigación estuvo centrado en la búsqueda de tratamiento para enfermedades psiquiátricas y neurodegenerativas, como el Parkinson y el Alzheimer. Sin embargo, a medida que se desarrollaban nuevas técnicas de estudio de imágenes, surgió el interés en averiguar cómo funciona el cerebro del individuo sano y consciente. Si consideramos que el cerebro tiene que ver con todo lo que el ser humano siente, piensa o imagina y hace, es obvio que el conocimiento y desarrollo de las neurociencias en nuestro país, como en el resto del mundo puede contribuir a la mejoría de la calidad de vida de todos los seres humanos. En el ámbito de la educación, en íntima colaboración con la psicología cognitiva y la pedagogía, puede contribuir a los grandes cambios que requiere nuestra educación para alcanzar mayores niveles de calidad. La educación produce cambios profundos en el cerebro, gracias a al gran plasticidad de este, que facilitan posteriores aprendizajes y un mejor desarrollo del ser humano. El mayor conocimiento del cerebro permitirá diseñar nuevas metodologías basadas en el desarrollo y maduración del niño pero también nos permitirá diseñar mejores escuelas y ambientes de aprendizaje compatibles con el cerebro donde se consideren aspectos como la iluminación adecuada, el control de la temperatura y los ruidos, etc.
¿Ha aportado la neurociencia, o puede aportar, nuevos métodos de estudio?
Considero que no corresponde a la neurociencia, cuyo objetivo principal es la investigación, aportar metodologías de estudio o de enseñanza. Esta debería ser una tarea para los educadores, tomando en cuenta los hallazgos de la neurociencia en el ámbito de los procesos neurobiológicos que determinan el aprendizaje. Es indispensable, en consecuencia, que se establezcan los puentes entre neurociencia y educación y que se fomente la enseñanza de sus principios básicos en el currículo de los programas de formación de los educadores. En la actualidad, los métodos de enseñanza no toman en cuenta para nada la forma en que aprende el cerebro, la cual es ignorada por la mayoría de los profesores. Se requiere que la educación deje de ser ejercida como “arte” y asuma características de ciencia, como sucedió hace un siglo con la medicina.
¿Los métodos tradicionales usados por los estudiantes chilenos para prepararse a rendir exámenes son correctos desde el punto de vista de la neurociencia o pueden mejorar? ¿Existe alguna propensión a adquirir “malos hábitos de estudio” por parte de los jóvenes?
No sé si hay estudios respecto a cuáles serían los métodos “tradicionales” utilizados por nuestros estudiantes. Lo que sabemos, en base a nuestra experiencia como profesores universitarios y diversas investigaciones, es que las aproximaciones al estudio o enfoques de aprendizaje que escogen los estudiantes están condicionadas por la percepción que ellos tengan del contexto educacional y el currículo, más específicamente de los métodos de evaluación. Mientras los exámenes a los cuales sean sometidos sigan privilegiando la memorización de contenidos, recurrirán a estrategias o enfoques superficiales orientados sólo a reproducir el material en el examen, más que a comprenderlo realmente.
Lo triste del asunto es que para nuestro sistema “educativo”, esta conducta es correcta si el estudiante aprueba el examen, ya que el interés por calificar prevalece sobre el de fomentar el aprendizaje profundo. Nuestro cerebro tiene una enorme capacidad de adaptación a las exigencias del medio, lo que es fundamental para la supervivencia, de modo que se adecúa a las exigencias del contexto y asume las estrategias más eficientes. Si se privilegia la memoria, va a asumir estilos de aprendizaje superficiales. En cambio si nos esforzamos en aplicar métodos de evaluación orientados a la comprensión y a la reflexión, los alumnos se van a ver obligados a aplicar aproximaciones más profundas de estudio, esto significa ir más allá de la simple memorización, que involucra sólo parte de nuestro cerebro (la corteza temporal), y usarán toda su potencialidad para lograr un verdadero aprendizaje, involucrando a todo el cerebro en la tarea. Un concepto o idea se aprende sólo cuando pensamos y reflexionamos, generamos nuevas ideas y las aplicamos. Este es el proceso que debería evaluarse. Mientras esto no ocurra los estudiantes seguirán siendo más bien estratégicos, adaptándose la mayoría de las veces en forma exitosa a un cada vez menos exigente sistema educacional. Sin entrar a calificarlos de buenos o malos, los hábitos de estudio son también una consecuencia del sistema. Si abarrotamos los cerebros de los niños con cantidades crecientes de contenidos en la mayoría de los casos, intrascendentes, difícilmente van a adquirir buenos hábitos de estudio. Si no se les da tiempo o no se les facilita la metacognición o la reflexión acerca de lo que se les enseña, es difícil que aprendan realmente.
¿Qué sería recomendable comunicar a los docentes para mejorar sus métodos de enseñanza desde el enfoque que ofrece la neurociencia actualmente?
Los profesores son expertos en pedagogía o didáctica, pero en general desconocen cómo aprenden sus estudiantes. Parece increíble que no se considere, en la formación de estos profesionales, que el órgano del aprendizaje es el cerebro. Ninguna innovación en los métodos de enseñanza tendrá éxito si no se entiende de qué forma aprenden los estudiantes y el propio docente. Desde hace mucho tiempo se ha fomentado el cambio de enfoque desde la enseñanza al aprendizaje. Mejoraremos el aprendizaje si llegamos a comprender cómo aprende nuestro cerebro, si tratamos de conocernos a nosotros mismos. Para ello debemos identificar las necesidades o requerimientos del cerebro. Profesores motivados y motivadores, buenos gestores de las emociones en el aula, ambientes ventilados, cómodos, ejercicio, nutrición balanceada, respeto a las horas del sueño, etc. son hábitos que favorecen el funcionamiento del cerebro y, por ende, el aprendizaje. La neurociencia da los fundamentos científicos, pero son los educadores quienes deben aplicarlos en el aula.
¿Qué proyecciones existen hoy a partir de los últimos avances en neurociencia y educación?
En los últimos 20 años la investigación acerca del cerebro ha avanzado en forma extraordinaria. En este período se han obtenido más hallazgos que en siglos anteriores, conceptos como el de la neuroplasticidad, el desarrollo cerebral del niño y el adolescente, la neurogénesis durante toda la vida, la importancia del sueño para la memoria, etc. Sin embargo, todavía hay muchos misterios por descifrar. Hay autores que consideran que estamos viviendo una verdadera revolución neurocientífica, continuadora de otras grandes revoluciones sociales que han cambiado el mundo, como la revolución agrícola, la industrial y la cibernética. No hay actividad humana en la que no participe el cerebro, de modo que las neurociencias están invadiendo, en el buen sentido, todo el quehacer del ser humano, tratando de explicar nuestro comportamiento. Las proyecciones sólo están limitadas por nuestra imaginación. Respecto a la aplicación de las neurociencias en la educación, estamos en pañales y tratando de ponernos al día respecto a países más avanzados en este ámbito. Se requiere una alfabetización neurocientífica del profesorado. No se trata de transformarlos en pseudocientíficos sino que proporcionarles, de manera clara y atractiva, los fundamentos del funcionamiento cerebral y explicarles cómo este se relaciona con el aprendizaje. Esto pasa por capacitación profesional y formación de pre y post grado apropiada. Posteriormente, deben ser los profesores los que apliquen este concepto en el aula e investiguen al respecto.
Fuente de Educarchile
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