Creer en las capacidades de docentes y alumnos, generar altas expectativas con respecto a sus logros, poner atención a cada oportunidad de perfeccionamiento y lograr un ambiente de apoyo y compromiso de toda la comunidad escolar, son los caminos para lograr el desarrollo de las personas. A continuación vemos cómo se plasman estas características en dos líderes escolares.
Desarrollar a las personas se la segunda del las cuatro competencias básicas para el liderazgo escolar de excelencia definidas por el CPEIP, y tiene que ver, entre otras cosas, con la generación de un ambiente de valoración y estimulación intelectual al interior del establecimiento. Julio Zúñiga y Silvia Vega exponen dos estilos particulares de liderazgo que ayudan a comprender mejor de qué manera esto se hace realidad.
Julio Zuñiga, director del colegio Marqués de Ovando, confía plenamente en sus estudiantes y sabe la importancia que tiene entregarles herramientas para la vida. Insertos en una realidad donde la droga se hace presente, el contexto de vulnerabilidad en que viven sus alumnos no es impedimento para motivarlos a soñar y a enseñarles que son dueños de su futuro. Para eso hace ya 15 años impulsó una innovadora iniciativa llamada “Ahorra o Nunca”.
Julio detectó que al terminar 8º básico, el criterio que seguían los niños para escoger establecimientos de enseñanza media, era que fueran gratuitos, lo que en ocasiones los hacía tomar una decisión errónea. Entonces nació la idea de crear un fondo de ahorro que les permitiera disponer de cierta cantidad de dinero para sus estudios posteriores. Primero fueron 15 niños, luego 100 y hoy ya son 500. Es un proyecto voluntario donde todos los martes se simula un banco en el colegio -los alumnos de 8º son los cajeros, gerentes y administrativos- y cada participante abona a su libreta de ahorro $1.000. Los jueves se termina la contabilidad y se lleva la plata al banco, invitando siempre a un curso distinto para enseñarles a los alumnos los procedimientos que se realizan en las instituciones financieras. “De 3º a 8º todos los niños saben manejar las máquinas del banco y cómo operan”, cuenta Julio, “es una iniciativa positiva porque en primer lugar tienen algo propio, aprenden el hábito del ahorro y la plata les puede servir para después. Ha sucedido en algunos casos que alumnos de colegios técnicos pueden comenzar un emprendimiento con esta base o con su libreta de ahorro”.
Además está consciente de lo importante que es trabajar en un ambiente grato donde cada uno se sienta reconocido y respetado. Ante la necesidad de contar con un reglamento de convivencia, que suele tiene un carácter punitivo, decidió crear un comité del bienestar y la felicidad donde en vez de castigar a los alumnos se les premia y felicita. En el Marqués de Ovando se celebra el “día mundial de la felicidad” en el que cada curso hace algo para hacer feliz a los demás. Durante agosto todos los días son un festejo y se hacen actividades de 10 minutos diarios que potencian el buen vivir: el día del bigote, del pijama, del abrazo, del agradecer, del picnic, el día de no ir a clases, el de la mascota. “Se fomenta mucho el compañerismo y somos como una gran familia”, acota el director.
Los profesores son libres de crear y lo importante es que estén motivados. Por eso los talleres extra programáticos se hacen en base a sus hobbies; y así, los estudiantes tienen la posibilidad de tener capoeira, defensa personal, ajedrez y otras actividades. Todos los lunes los profesores hacen mindfulness (una variante de meditación) y los viernes a la hora de almuerzo se les hace masaje. Cuando están de cumpleaños tienen el día libre. “Tenemos personas felices trabajando y lo que hacen, lo hacen con mucha pasión” .
Se cree en las personas y no existen campanas en el recreo, hay relojes en el patio y los niños saben que tienen que estar a una hora determinada en sus salas, “muchas veces llegan antes que el profesor”, ríe Zuñiga.
Silvia Vega, de la Escuela Japón D-58, también tiene clara la importancia de que todos estén contentos en la escuela, por eso ha hecho de los jardines un lugar bello en Antofagasta, donde los niños se sientan cómodos y orgullosos del lugar donde estudian. A pesar del alto nivel de vulnerabilidad social de sus estudiantes, Silvia espera mucho de ellos: “tenemos más altas expectativas porque la escuela es el medio que tienen para avanzar en la sociedad y ellos lo saben y nosotros se lo enseñamos: cuando quieres, puedes. Ya hay muchos niños profesionales”, cuenta.
La constante capacitación de profesores y alumnos, el apoyo en aula y la atención a todas las necesidades de cada miembro de la comunidad es fundamental. Vega relata que se hace un trabajo en equipo donde todos cumplen un rol, pero no desconoce la importancia de que exista una cabeza que esté observando, analizando, detectando las falencias, viendo las potencialidades. Y en eso anda ella, mano a mano con los docentes, trabajando con lo que hay, capacitando y evaluando para perfeccionar. “Yo sé que soy el motor pero no lo digo (añade), porque me gusta hablar de equipo y de escuela. Tiene que haber alguien que mire, que dé las directrices, un líder. Se sugiere, se hacen acuerdos, se toman decisiones en grupo, pero yo soy el pilar”.
Es tal su buen ojo que impulsó una innovadora y premiada cultura evaluativa, en la cual, mediante un sistema que contempla distintos factores, se detecta el área donde un alumno presenta problemas y el sector específico en que este se encuentra. El alumno enviado a perfeccionamiento asiste entonces a un entrenamiento focalizado en la debilidad que está presentando. Así por ejemplo, si está atrasado en lectura, pero particularmente en la lectura que se hace en el hogar, se trabaja en conjunto con los apoderados para que fomenten este ítem. “Se trata de trabajar donde están las falencias, y desde allí se planifica lo que se va a perfeccionar. Los resultados han sido impresionantes”, señala Silvia. El mismo sistema es utilizado para detectar eventuales puntos bajos que puedan presentar los docentes en el trabajo de aula, con una pauta consensuada entre todos.
“A los profesores les encanta que vayamos a aula porque se sienten apoyados; estamos constantemente motivándolos. Se les dice que son valiosos y ellos saben que lo son”. Hay una capacitación permanente que se realiza siempre en horario de trabajo, ya que se respeta su privacidad y su tiempo. Si se requieren horas extraprogramáticas, luego se devuelven.
Fuente de Educarchile
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